Novena a Santa Laura montoya

Por la señal de la Santa Cruz, Amén.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS:

Padre Eterno que Creaste a Santa Laura de Santa Catalina. Hijo de Dios que la redimiste con tu sangre preciosa.

Espíritu Santo que la enriqueciste con tus preciosos dones. Oh, Augusta Trinidad: Humildemente postrados ante tu divina presencia, te suplicamos por intercesión de Santa Laura, nos concedas el remedio de estas necesidades.

Así mismo te pedimos la gracia de vivir toda nuestra vida a la luz del Evangelio, siguiendo el ejemplo de la Santa Madre Laura. De tal manera que con nuestro testimonio de amor a Dios y de generosidad con nuestros hermanos, atraigamos a muchos a una viva experiencia de Dios, que es Padre de todos.

Te lo pedimos por Jesucristo tu Hijo que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

DÍA PRIMERO

TODO LO PUEDO EN EL SEÑOR

“He aprendido a contentarme con lo que tengo. Sé avanzar en escasez o en abundancia. A todo estoy acostumbrado: A la saciedad y a la estrechez, a la riqueza y a la privación. Porque todo lo puedo en Aquel que me conforta”.

Filipenses 4, 12-13

Hoy y siempre la vida de los santos encierra historias comunes y corrientes. Aún más situaciones difíciles que ellos, apoyados en Dios lograron superar.

Laura Montoya nacida en Jericó, población colombiana, en un contexto de lucha política. Perdió muy temprano a su padre, asesinado durante una dura época del país. Este hecho llevó a su familia a emigrar en busca de mejores horizontes y así, doña Dolores con sus tres hijos se acogió en Medellín.

En casa del abuelo de Laura. Mas tarde traslado a una finca que el padre de dona Doloritas Poseía en Amalfi, al norte del Departamento de Antioquia. Durante estos años, esta familia desplazada, sólo conoció desprecios y pobreza.

La idea de hacerse maestra surgió en Laura, como una forma de enfrentar las penurias de su hogar. Así logró graduarse en la Normal de Institutoras de Medellín. Pudo entonces obtener un sueldo para ayudar a su casa, compartir con sus alumnas su fe y sus valores.

Sin embargo, este ministerio de educadora no faltaron las incomprensiones y obstáculos. Algunos incluso la calumniaron llegando a manchar su fama de mujer equilibrada y honesta.

Golpeada por tantos problemas, Laura se refugió en la oración, aceptando sus dolores.

Delante del Señor Jesús, cuya pasión gustaba de contemplar con frecuencia. Sólo así pudo salir adelante y más tarde continuar su tarea pedagógica.

La Madre Laura nos enseña a todos a poner nuestra confianza en el Señor, quien no tardará en ayudarnos.

GOZOS

Al presentarte nuestros ruegos, venimos llenos de confianza:

Tu celo ardiente y generoso danos a todos, Madre Laura.

I

Madre y maestra de los indios de nuestra selva americana: Vuelve a enseñarnos los caminos de tus intrépidas andanzas.

Y Así la luz del Evangelio llegue por cerros y cañadas, a redimir a los cautivos de la pobreza y la ignorancia.

Tu celo ardiente y generoso danos a todos, Madre Laura.

II

Ante el asombre de tus ojos, la turba inquieta y afanada de las hormigas un secreto de amor, te dijo sin palabras.

Y desde entonces la ternura de Dios, inmensa y desbordada sobre los buenos y los malos, con suaves ardor te abrasó el alma.

Tu celo ardiente y generoso danos a todos, Madre Laura

III

Tú que supiste de pobreza y también fuiste desplazada, mira el dolor de tus hermanos en esta patria colombiana.

Haz que florezca entre nosotros aquella paz tan anhelada, en la justicia y el progreso que como hermanos nos igualan.

Tu celo ardiente y generoso danos a todos, Madre Laura

IV

Un acendrado y fiel cariño a la señora Inmaculada, marcó tus días y noches, le dio certeza a tu esperanza.

Su amor fue siempre el santo y seña de tus empresas arriesgadas, su nombre dulce y melodioso entre los tambos se escuchaba.

Tu celo ardiente y generoso danos a todos, Madre Laura

V

Si las serpientes y las fieras por el poder de tu plegaria, como predijo el evangelio, pacificaron su acechanza: Líbranos hoy de los peligros que por doquier nos amenazan a quienes vamos de camino hacia la fiesta de la patria.

Tu celo ardiente y generoso danos a todos, Madre Laura

VI

Tu corazón en carne viva, porque “los indios son mi llaga”, contagie a todos tu angustia por tanta gente marginada.

Haznos sentir la sed de Cristo que dio vigor a tu constancia, en las tareas de su Reino de amor y bienaventuranza.

Tu celo ardiente y generoso danos a todos, Madre Laura

VII

A los discípulos de Cristo, tu gesta heroica nos señala la ruta audaz del evangelio hacia regiones muy lejanas.

Transforma nuestro continente que ya es iglesia misionada, en una iglesia misionera de leve alforja y sandalias.

Tu celo ardiente y generoso danos a todos, Madre Laura

ORACIÓN FINAL

Dios, Padre misericordioso, que elegiste a la Santa Laura Montoya para despertar en la iglesia el sentido misionero, especialmente hacia las comunidades marginadas de la sociedad.

Concédenos que podamos imitarla en su actitud contemplativa y en la búsqueda constante de la salvación de los hermanos.

Danos la gracia de una conversión sincera al Evangelio y así un día florezca entre nosotros una paz justa y duradera, por el progreso de todos, especialmente de los más necesitados.

Además, rogamos por los méritos de la Santa Madre Laura, el remedio de estas necesidades…. si es para tu mayor gloria y nuestra salvación.

Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

DÍA SEGUNDO

(Oraciones para todos los días)

EL MANDADO DE LA VIRGEN

“Jesús vino a Cafarnaúm, junto al mar, para que se cumpliera la profecía: El pueblo que habitaba en tinieblas ha visto una gran luz. A los que habitan en sombra de muerte, una luz les ha amanecido”. San Mateo 4, 16.

Después del viaje a Guapa donde la Madre Laura ayudada por el padre Ezequiel Pérez, pudo conocer los indios, todo en ella se convirtió en un intenso Deseo de catequizarlos.

Empezó entonces a organizar sus cosas para internarse en la selva, en una tarea a la cual se sentía claramente llamada. Pero a pesar de buscar ayuda por todas partes, en ninguna parte encontraba. Resolvió pues, irse a Roma a conseguir directamente el apoyo del Santo Padre.

Pidió y obtuvo permiso de su director espiritual y de su madre, doña Dolores y después de sacar del banco el dinero para el viaje, fue como de costumbre a visitar a la inmaculada en la catedral de Medellín, en ese tiempo la iglesia de la Candelaria.

Postrada a sus pies, Laura oró así: “Mira Señora, este dinero. Es el fruto de economías de muchos años y va ahora a ser gastarse en hoteles y barcos. Y todo porque tú, Señora mía, me dejas sufrir sola y No me haces el mandado a Roma. Esta misma noche, preséntate, te lo ruego al Santo Padre. Y cuando él ponga la cabeza en la almohada, hazle sentir los gemidos de los pobres salvajes del mundo y compromételo a hacer algo por ellos”. Y Añadió: “Suspendo el viaje, mientras me traes la respuesta del Papa”.

Al salir de la iglesia se encontró con un sacerdote amigo, a quien preguntó cuánto se demoraría en venir una carta desde Roma. Más o menos mes y medio, le contesto el padre.

Pasado este tiempo SS. Pío X publicó la encíclica “Lacrymabili Statu Indorum” (El lastimoso estado de los indios), en la cual pide a los obispos busquen todos los medios posibles para ayudar a los grupos humanos marginados de la civilización y de la iglesia.

GOZOS

DÍA TERCERO

EL PACTO CON LAS FIERAS

“Jesús le dijo a sus discípulos: estas son las señales que acompañaran a los que crean: Hablarán en lenguas nuevas. Tomarán serpientes en sus manos y no les harán daño.

Impondrán las manos sobre los enfermos y estos quedarán sanos”. San Marcos 16, 17-18.

Cuenta la Madre Laura en su autobiografía que, estando una vez en la oración ante el Santísimo, mientras las Hermanas hacían algunas tareas de cocina, vio mentalmente llegar como en procesión delante del señor, muchas culebras y fieras que entendió eran las de Murrì. Le alegraban que estos animales vinieran a ponerse a órdenes de su Dueño. Pero luego le dijo al Señor que esas fieras formaban una barrera infranqueable para llevar el Evangelio muchas gentes.

Pasó un corto rato y entonces, continua ella, conoció que Dios ordenaba a las fieras que no nos hicieran nada y que ellas tampoco recibirían daño de nosotras. En lo más hondo del alma entendió que Dios aceptaba este pacto.

Tuvo entonces la seguridad de una alianza, que había quedado hecha entre las fieras y sus religiosas. Refiriéndolo más tarde a un sacerdote, escribió ella, me dijo: Eso no es extraño porque ya lo dice San Marcos (16,18). Que a los evangelizadores no les harán daño las serpientes, ni los venenos los perjudicarán.

Hoy se comprueba que ninguna religiosa de las Lauritas, en sus arriesgadas correrías, ha sido atacada por alguna fiera o serpiente. Lo cual demuestra la inmensa confianza de la Madre Laura y de otro lado, la fidelidad de Dios.

Un hecho que nos invita a entregarle al Señor, cada uno de nuestros problemas. Nuestras enfermedades, miedos, conflictos familiares y situaciones difíciles. Él sabrá remediarlas en el tiempo oportuno.

GOZOS

DÍA CUARTO

TRAS LAS HUELLAS DEL SEÑOR

“Jesús les dijo: Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id pues y haced discípulos de todos los pueblos, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. San Mateo 28, 18, 19.

El 14 de mayo de 1914 los habitantes de Dabeiba vieron llegar a cinco aventureras, que iniciaban así la cristianización de los indios.

La población no fue muy generosa con las recién venidas, pero ellas de ningún modo cejaron en su empeño. Siempre desconfiados pero sin resistirse a la amabilidad y los obsequios de las misioneras.

Ante todo, una vitrola llamaba la atención de los indígenas. “Vos tenès gente metida en esa tabla”, decía el indio Juan José con gran miedo. Pero pronto este rudimentario aparato se convirtió en una gran atracción para los esquivos salvajes.

Poco a poco aquellas señoritas que no formaban todavía ninguna congregación religiosa, empezaron a poner en práctica su novedoso método pastoral. Se trataba de servir a los indios con su femenina intuición, mientras practicaban el idioma del amor.

Relegados por la sociedad, la mayoría de los indígenas latinoamericanos ignoraban sus propios derechos y se consideraban a si mismos inferiores a los animales.

La Madre Laura con su experiencia de educadora en diversos lugares, los condujo a reconocer su propia condición de racionales y más tarde de hijos de Dios. Luego motivó, tanto al gobierno como a la iglesia, integrar a estos hermanos dentro del contexto nacional, respetando su lengua y sus tradiciones.

Fue así la Madre Laura pionera en América Latina de una evangelización que respeta todas las culturas.

GOZOS

DÍA QUINTO

TENGO SED

“Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, exclamó. Tengo sed. Había allí una vasija llena de vinagre. Sujetaron a una rama de hisopo, una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca”.

San Juan 18, 28-29.

La Madre Laura les dio como lema a sus hijas esta queja del Señor en la cruz. Por tal razón había escrito: “Dos sedientos, Jesús mío: Tú de almas y yo de saciar tu sed. ¿Qué nos detiene pues?”.

Este deseo ardiente de hacer conocer a Jesucristo, para que todos los amen y orienten su vida según el Evangelio, ha sido comparado por muchos santos a la sed que Jesùs tuvo en la cruz. Sed que la Madre Laura explica en sus escritos.

El amor ha de ser el motivo de todas las tareas de sus religiones. De igual manera los cristianos auténticos han de estar impulsados a todas horas por el amor. Amor a Dios en primer lugar. Cuando le conocemos, cuando sabemos que nos ama infinitamente, que envió a su Hijo a la tierra, no podemos menos de sentir su presencia en nuestra vida. Lo recordamos a todas horas. Pero a la vez, deseamos compartir esta maravillosa experiencia con muchos otros hermanos. Esta sed fue la que ardió en el corazón de la Madre Laura, en su anhelo continuo de llevar a Dios a los indígenas.

Igualmente, a cada uno de nosotros, si empieza a descubrir en el corazón su condición de hijo del Padre de los cielos, se le vuelve indispensable contarlo, compartirlo, trabajar para que Cristo sea conocido por todos. Y esto lo realizamos con el ejemplo, la palabra y esa confianza en Dios que podemos compartir con muchos otros, mientras vamos de camino.

GOZOS

DÍA SEXTO

MARÍA, MADRE MÍA, SÁLVAME

“Se celebraba una boda en Caná de Galilea y esta allí la madre de Jesús. Como faltara el vino, le dice a Jesús su madre: No tienen vino. Y luego dijo a los criados: Haced lo que el os diga”. San Juan 2 3-5.

Una de las primeras oraciones que la Madre Laura enseño a los indígenas de Dabeida y luego a otros más, fue esta jaculatoria llena de profundo contenido: María, madre mía, sálvame. Los indios la repetían con fruición, a veces todavía sin entenderla. Fue el nombre de Nuestra Señora la primer palabra que aprendieron en castellano.

Tal plegaria brotó de la ardiente devoción mariana que adorno la espiritualidad de Laura. Sin embargo transcurrió cierto tiempo en su camino de unión con Dios ante de empezar a lucir su alma como ella misma escribe, “la estrella más luminosa”. Esta le llegó por el piadoso ejemplo de una sus parientas.

Se me ocurre, dice la Madre Laura, que si hubiera escogido para mí una advocación mariana, me hubiera quedado con la dolorosa, más de acuerdo con mi historia de muchas penalidades. Pero la inmaculada me atrajo de tal modo, que ya no podía pensar sino en ella, como en el centro de mi vida. Cuando sufro, leemos en sus escritos, es ella quien alumbra mi dolor. En ella tengo puesta para todo mi esperanza. Yo quisiera que todos supieran lo que es ella para el corazón que la ama.

María iluminaba la oscuridad de la selva y las dificultades de todo género que sufríamos.

Por que había hecho un pacto con la inmaculada: Tú harás la obra de los indios y yo te serviré a pesar de mis tropezones.

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DÍA SÉPTIMO

“LOS INDIOS SON MI LLAGA”

“Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo… al cual nosotros anunciamos,….. Luchando con su fuerza que actúa poderosamente en mí”. Colosenses 1, 24-29.

Cuenta la Madre Laura en su autobiografía que siendo todavía muy niña, mientras observaba el trabajo afanoso de unas hormigas, sintió en mitad de su alma el amor paternal de Dios. Una experiencia que la marcó de forma indeleble para toda la vida. Desde allí, como les ha ocurrido a muchos santos, brotó en su corazón la urgencia de anunciar ese amor a todos, de modo particular a los indígenas, abandonados entonces por la iglesia y los gobiernos.

Este celo le quemó el alma de tal manera que pudo decir en varias ocasiones: “Los Indios son mi llaga”.

Apoyada entonces por algunos, perseguida por otros, mirada como una mujer excéntrica por otros más, nada pudo arredrarla hasta emprender su Obra de Catequización, que en un principio ella misma no comprendía con claridad.

Pero dos realidades la impulsaban. En primer lugar la gloria de Dios: ¿Cómo era posible, pensaba, que su Padre Dios no fuera conocido ni amado por innumerables hijos suyos? Era necesario ir por todos los caminos anunciando el amor misericordioso de Padre.

Además, estos hermanos nuestros vivían en las selvas en condiciones infrahumanas. Y, según la teología de entonces, en peligro de próxima condenación.

Fue entonces la Madre Laura, precursora de un amplio proyecto de dignificación, de quienes hoy se integran las llamadas minorías étnicas, a la luz y bajo los criterios del Evangelio. A través de la historia de nuestro continente ella se destaca como abanderada de la evangelización de los más pobres.

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DÍA OCTAVO

MÁS ALLÁ DE NUESTRAS FRONTERAS

“Dijo Jesús: También tengo otras ovejas que no son de este redil; también a ellas las tengo que conducir y escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo pastor”. San Juan, 10, 16.

Quizás la Madre Laura no lo advirtió durante su peregrinación temporal. Pero su persona y su obra iniciaron la transformación de América Latina, de un continente misionado a un continente misionero.

Durante cuatro siglos, nuestra iglesia se había contentado con recibirlo todo de Europa: Teología, métodos evangelizadores, sacerdotes misioneros, etc.

Sobre todo, desde el congreso misional celebrado en Bogotá en 1924, sobre el cual la Madre Laura tuvo una notable influencia, nuestros pastores de Colombia y luego otros episcopados de América, empezaron a pensar de otra manera. Era necesario compartir los dones recibidos. Lo atestigua su congregación de Misioneras de María Inmaculada.

Pero, además de esto, ella y algunos otros inspiraron al entonces obispo de Santa Rosa de Osos, monseñor Miguel Ángel Builes, la necesidad de crear otros institutos misioneros. Todo esto fue reubicando a la iglesia latinoamericana y abriéndole horizontes para mirar más de sus fronteras.

Las intuiciones de la Madre Laura, secundadas luego por el Concilio Vaticano II y asimiladas por diversas congregaciones y por numerosos pastores, han comenzado ya a dar fruto. Muchas iglesias nuestras prestan sus servicios en otros países, en otros continentes. Por medio de sacerdotes, religiosas y laicos. Y sobre todo, gran número de bautizados respaldan generosamente esta labor por la oración y el aporte para financiar sus programas.

La Madre Laura fue la precursora de esta apertura universal, que lleva el evangelio, desde nuestra pobreza, a muchas regiones de la tierra.

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DÍA NOVENO

LOS MILAGROS DE LA MADRE LAURA

“Mientras los judíos piden milagros y los griegos van en busca de sabiduría, nosotros, en cambio, predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos, pero fuerza y sabiduría de Dios para los que han sido llamados, tanto judíos como griegos. Porque la locura de Dios es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza de los hombres.” 1 Corintios 22-25

Numerosas personas dan fe de haber recibido favores por intercesión de la Madre Laura Montoya, a quien se han encomendado. Finalmente, la Santa Sede aprobó, como hecho extraordinario, la curación de un cáncer en estado terminal, en la señora de doña Herminia González de Álvarez, quien residía en Medellín en 1993.

Ante este acontecimiento, muchas personas acuden diariamente a la estancia donde murió la beata Laura, e igualmente a su sepulcro, pidiendo ser sanados de sus dolencias. Sin embargo, hemos de entender que no está en los planes de Dios que todos los enfermos recobremos la salud. Menos aun, repentinamente. Por lo tanto, nuestra relación con el Señor y sus santos se ha de elevar desde la fe, a un nivel de confianza y de entrega a la Providencia de Dios.

Por ser hijos de Dios tenemos derecho a pedirle remedio para nuestros males. Así nos lo enseño Jesús en el Padre Nuestro, pero, al decir que se haga su voluntad, nos entregamos a su amor, de tal manera que muchas veces recibimos lo que nunca hemos pedido.

Numerosos enfermos no se sanan, determinados problemas nunca se solucionan, pero, mediante la oración, recibimos de Dios, paz, serenidad, constancia, alegría en medio de las penas, capacidad de superación y sabiduría para enfrentar los obstáculos porque el cristiano sabe que Dios es un Padre, pero comprende, además, que Él sabe dar, en su tiempo oportuno, lo que más conviene.

Frente a su proyecto misionero no le faltaron, a la Madre Laura, frecuentes obstáculos y muchas persecuciones. Sin embargo, su unión con Dios, le bastó para llevar adelante su vocación a favor de los indígenas; por todo lo cual, ella es ejemplo que nos ayudará a superar, confiados en el Señor, todas nuestras dificultades.

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