Confesiones

En nuestra Parroquia el sacramento de la reconciliación se realiza después de las misas de los días martes, jueves y sábado. Pero antes recordemos que la Iglesia nos propone cinco pasos a seguir para hacer una buena confesión y aprovechar así al máximo las gracias de este maravilloso sacramento. Estos pasos expresan simplemente un camino hacia la conversión, que va desde el análisis de nuestros actos, hasta la acción que demuestra el cambio que se ha realizado en nosotros.

Estos son los pasos que el Catecismo nos sugiere:

1. Examen de conciencia: Es recordar los pecados cometidos desde la última confesión bien hecha. Para acordarse de los pecados se aconseja repasar los Mandamientos de la Ley de Dios, los de la Santa Madre de la Iglesia y los deberes del propio estado. El examen debe ser cuidadoso.

2. Dolor de los pecados: “El acto esencial de la penitencia, por parte del penitente, es la contrición, o sea, un rechazo claro y decidido del pecado cometido, por el amor que se tiene a Dios y que renace con el arrepentimiento’. No obstante, para confesarse ‘es suficiente la atrición, es decir, un arrepentimiento imperfecto, debido más al temor que al amor a Dios (Juan Pablo II, Reo. et Paen.).

Sin embargo el dolor de contrición es más perfecto, porque nace del amor de Dios y perdona inmediatamente los pecados, si se tiene el propósito de confesarlos. En cambio el de atrición, por nacer del temor no basta para perdonar los pecados inmediatamente sino que es necesario confesarlos y recibir la absolución. Conviene, pues, que nos arrepintamos por amor a Dios pero también por santo temor.

3. Propósito de la enmienda: Es una firme resolución de no volver a pecar. Tenemos verdadero propósito de la enmienda cuando estamos dispuestos a poner todos los medios necesarios para evitar el pecado y huir de las ocasiones de pecar.

4. Decir los pecados al confesor: Debemos confesar todos los pecados mortales y conviene decir también los veniales. Se han de confesar las faltas con humildad y sencillez, manifestando los ciertos como ciertos, los dudosos como dudosos, y aquellas circunstancias que aumentan o disminuyen su gravedad. El que calla a sabiendas algún pecado mortal comete un grave sacrilegio, y no se lo perdonan los pecados confesados (para el mortal se requieren materia grave, advertencia plena y consentimiento pleno de la voluntad).

5. Cumplir la penitencia: Es rezar las oraciones y hacer las obras buenas que manda el confesor, para satisfacer por la pena temporal de los pecados. Y para mayor desagravio y expiración, conviene aceptar los sufrimientos cotidianos y ganar indulgencias.